La
escuadra y el compás
Respecto a la escuadra y el compás, se
los asocia desde antiguo, no sólo en Occidente, sino también –sirva como
ejemplo– en la China del siglo iii. La escuadra simboliza la tierra y con ella
se dibuja un cuadrado, y el compás, el cielo, pues con él se traza un círculo.
Los dos siempre se presentan normalmente unidos, y su primer y más universal significado
es la unión del cielo y la tierra.
El Gran Arquitecto del Universo utiliza
el compás para realizar su creación, pues el compás delimita, da forma,
corporifica y ordena el caos del hombre para convertirlo en cosmos, o la piedra
bruta se convierte en piedra cúbica y posteriormente en piramidal. La escuadra
debe asociarse a la piedra cúbica, pues es necesaria para formarla (Négrier,
1990: 114).
En algunos rituales masónicos, un ángulo
recto significa el corazón; a este ángulo recto, que está en el fundamento del
ser humano, se dirige el compás del cielo para realizar el «trabajo masónico».
La tradición griega afirma que Pitágoras
inventó la escuadra y Platón se refiere a ella como «ingeniosa» (Filebo
56b). Finalmente, entre los muchos símbolos masónicos, cabe destacar los
guantes blancos que los hermanos usan en las tenidas; simbolizan la pureza que
deben tener quienes colaboran en la construcción del Templo interior, hecho de
materiales puros, incorruptibles, que no son de este mundo.
Las Sociedades secretas «iniciáticas».
Estas sociedades no intentan, en modo alguno, disimular su existencia (salvo
cuando, se las persigue); sus leyes, su historia, sus lugares de reunión, sus
doctrinas, y hoy, hasta los nombres de sus adherentes, no son un misterio para
nadie. Esas agrupaciones solo guardan verdaderamente «secretas» sus ceremonias
—a las cuales no puede asistir el «profano»— y los signos de reconocimiento,
que permiten a los afiliados reconocerse. Lo que las diferencias
de una simple sociedad «cerrada» es que esas organizaciones confieren a sus afiliados una iniciación, tienen ritos más o
menos complicados, y celebran una especie de culto.
Serge Hutin- LAS SOCIEDADES SECRE TAS, pág. 4