sábado, 1 de julio de 2006

¿En qué creen los Masones?


Empecemos diciendo que, en muchas materias, no todos los Masones piensan lo mismo ni creen en las mismas cosas. Existen Masones en diferentes países, insertas en diversas culturas; en comunidades religiosas que se disputan el mundo de los creyentes y se les encuentra en diferentes partidos políticos.

Veamos cuáles son los rasgos comunes que los mantienen unidos, los identifica; los postulados que les sirven de base para sus razonamientos y las proposiciones en las que creen.

RELIGIÓN
En materia de creencia dicen nuestros Principios que la Masonería ni prohíbe ni impone a sus miembros ninguna convicción religiosa. Los Masones tienen a este respecto la más plena libertad y la Masonería, respeta todas las creencias religiosas sinceras, cree que nadie tiene la exclusividad de la verdad. Así, los masones pueden adherir al culto religioso que mejor satisfaga sus conciencias, o no comulgar con religión alguna, o declararse agnósticos, entendiendo por “agnosticismo” aquella postura filosófica según la cual se cree sinceramente y con humildad, que el entendimiento humano no es capaz de conocer lo absoluto, o sea la Divinidad, sino solamente lo relativo, a aquello que está al alcance de los sentidos y del limitado entender del ser humano.

Aceptan sí todos los juicios honrados, las investigaciones serias sobre el origen del Universo, las concepciones sobre la Divinidad y aquellos cultos religiosos y escuelas filosóficas que tratan de resolver las grandes incógnitas del pensamiento humano.

LAICISMO
Los Masones defienden el laicismo, doctrina que protege la libertad del hombre, de la sociedad y particularmente del Estado, de toda influencia eclesiástica o religiosa excesiva o indebida. El laicismo es una actitud y un sentir liberal y tolerante, que no combate idea o sentimiento religioso alguno sino que, al contrario, los respeta y los deja al dominio exclusivo de las conciencias; involucra la idea de libre examen, el derecho que tiene toda persona de estudiar, conocer, comparar, investigar y sacar conclusiones según sus propias faculta0des; reconoce el derecho a la razón frente a la cerrada obligación que impone el dogma.

Los Masones no son antirreligiosos ni combaten ninguna creencia religiosa pero como son hombres libres y laicos, combaten los fanatismos, las afirmaciones dogmáticas y los fundamentalismos religiosos y, cuando es necesario, se oponen a aquellas proposiciones sectarias que tienden a asemejarse a los fundamentalismos. Se oponen a aquellas jerarquías religiosas que, cada cierto tiempo pretenden que no sólo sus fieles, sino que el conjunto de la sociedad se comporte según sus particulares creencias, sin dejarle espacio a otros credos u otros puntos de vista, espacio al que todos tienen derecho. Los Masones creen que sólo la existencia de un Estado y de un espacio público laico, aseguran la convivencia armoniosa y fraterna en un país, garantizan la paz y el respeto entre las distintas corrientes ideológicas y permiten la presencia enriquecedora de la diversidad cultural u religiosa en una sociedad.

TOLERENCIA
Un valor muy importante para los Masones es la Tolerancia, que es el respeto, la indulgencia y la consideración hacia las opiniones y prácticas de los demás. Es necesario precisar que la tolerancia no es permisividad ni silencio cobarde, ni mucho menos cómplice, respecto de las conductas indebidas. Es una tolerancia activa y no una actitud pasiva; se trata de abrirse a la verdad del otro, de permitirle que se exprese, de brindarle la posibilidad de enfrentarse con nuestra verdad. Con afecto y compresión es más fácil confrontar ideas discordantes y tratar de encontrar una síntesis entre visiones opuestas sin descalificación, agresividad ni competencia. La virtud de la tolerancia adquiere particular importancia en el tratamiento de ciertos temas, como lo valóricos, Religiosos y políticos, pues se trata de materias esencialmente opinables, donde generalmente no caben las pruebas científicas irrefutables y donde la verdad sólo se puede alcanzar con el sentimiento y la razón.

Todas las personas, sin excepción alguna, tienen el derecho de sostener su propia verdad, con elevación, respeto y especial consideración por los puntos de vista de los demás. Porque son tolerantes, los Masones, sean poderosos o humildes, ancianos o jóvenes, con creencias religiosas y partidos políticos diferentes, pueden reunirse u trabajar juntos en la sociedad; porque son tolerantes pueden congregarse en armonía y tratarse con moderación y cordialidad, sin distinción de jerarquías sociales ni de otro orden. De igual modo, la Masonería cree que una sociedad como la nuestra no puede existir sin la tolerancia. Por eso trata de propagarla por el mundo y con ello evitar horrores y muchas lágrimas.

TRATO RECIPROCO

Los Masones, libres para pensar, laicos y tolerantes, creen que no se debe hacer con los otros lo que no queremos que se haga con nosotros; que se deba proceder con los demás como desearíamos que se procediera con nosotros mismos.

Esto porque la Masonería es esencialmente humanista, cree en el hombre y su unidad, a pesar de la diversidad, éste es el centro de sus ocupaciones, busca y cree en su realización, dignidad, felicidad y perfectividad personal y de la sociedad.

EVOLUCION
Los Masones no temen al cambio, por el contrario, lo propugnan; la evolución es condición de progreso y de desarrollo, tanto para los individuos como para la sociedad. En esta evolución creen que es necesario “prescindir de las pasiones e intereses de círculos para inspirarse sólo en altos ideales”. Así estiman que pueden adaptarse, y de hecho lo hacen, a las evoluciones sucesivas de la civilización en cada tiempo y en cada país, saben que es necesario luchar por la verdad contra la mentira, la sinceridad contra la hipocresía, la libertad y la tolerancia, contra la tiranía y el fanatismo, evitando la pérdida de valores y manteniendo doctrinas arraigadas.

Los Masones están al lado de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, en la justicia social y combaten los privilegios y la intolerancia.

Los Masones proclaman que el trabajo es uno de los deberes y derechos fundamentales del hombre ya que es un medio eficaz para desarrollar la personalidad y contribuir al progreso social; que debe unirse a todos los hombres en la práctica de una moral universal que elimine los prejuicios de toda índole y promueva la paz y el entendimiento entre las personas y los pueblos.

La Masonería vela porque los ideales y los valores estén siempre vigentes y, por ello, siente gran simpatía por los hombres con ideales y aquellos que persiguen utopías en sus anhelos de un mundo con un futuro perfeccionado para un hombre en permanente evolución.

Las enseñanzas de la Masonería no son secretas u ocultas. Lo único reservado es la manera como al orden imparte sus enseñanzas a personas honorables que quieren recibirlas.

Algunas reflexiones sobre el "Cuadro de Logia"

De la fuente: Rivista di Studi Tradizionali n. 53, Luglio - Dicembre 1980

Traducción: Bernardo Durante

Bruno Rovere

El Cuadro de Logia constituye en la Masonería especulativa un elemento indispensable para la apertura y el desarrollo ritual de los trabajos, puesto que su presencia, en virtud de la influencia espiritual inherente a los símbolos allí representados, sacraliza el lugar en el que tales trabajos se llevan a cabo, incluso cuando se trate de una pieza carente de otros símbolos masónicos (1); desde este punto de vista, la diversidad que se advierte en los símbolos representados en el Cuadro de Logia en los tres grados puede corresponder no sólo a un tipo de trabajo diferente, sino también a una diversa modalidad de acción de la influencia espiritual, o bien a la acción de diferentes modalidades de dicha influencia.

Por su colocación central, y puesto que reproduce los principales símbolos que deberían decorar el Templo, el Cuadro de Logia es un símbolo del «centro» que, como apuntaba René Guénon refiriéndose a la «rueda cósmica» (2): «a pesar de eso ha de ser concebido como conteniendo "principialmente" a la rueda entera, y por este motivo Guillaume Poste! describe el centro del Edén (que es a la vez el “centro del mundo” y su imagen) como la "Rueda en medio de la Rueda».

Vista la importancia del Cuadro de Logia en la Masonería especulativa, no deja de llamar la atención que el mismo, por lo que puede saberse, falte en la antigua Masonería operativa, lo cual plantea dos problemas por lo demás estrechamente relacionados: ¿qué es lo que en la antigua Masonería operativa hacía las veces del Cuadro de Logia y cuál es el origen de este último? Para intentar hallar una solución a estas cuestiones, conviene referirse a lo que se conoce, gracias a la obra de René Guénon y a las cartas de Clement Stretton (3), sobre los antiguos rituales operativos.

En la antigua Masonería operativa existían siete grados (4) y dos grandes Cuerpos: la Masonería de la Escuadra (square masonry), o azul, y la Masonería del Arco (arch masonry), o roja, la única que tenía derecho al compás. Ambos Cuerpos poseían siete grados, que en la Masonería de la Escuadra, de la cual deriva más directamente la Masonería especulativa que precisamente aún hoy se llama Azul, eran, según lo que dice Clement Stretton, los siguientes:

I grado, o grado de los Aprendices (Apprentices), que, con el martillo, el cincel y la regla, desbastaban la piedra bruta. Transcurrido un lapso obligatorio de siete años en su condición de Aprendices, esto es desde los 14 hasta los 21 años, durante los cuales no podían contraer matrimonio ni tener relaciones con mujeres, pasaban al segundo grado con lo que alcanzaban el estado de Francmasones (free-masons).

II grado, o grado de los Compañeros (Fellows of the Craft), que, con los mismos instrumentos que los aprendices, a más de escuadra, nivel y plomada, escuadraban a la perfección la piedra bruta. Su nombre era Giblim (5).

III grado, o grado de los Super-Compañeros (Super-Fellows), o Compañeros de la Marca, quienes tras verificar la exactitud de la obra marcaban con mallete y cincel la piedra escuadrada (6).

IV grado, llamado Sitio del Templo, donde sin emplear instrumentos metálicos, se disponían y erigían, según el orden establecido por las marcas, las piedras provenientes del grado anterior. En este grado se procedía, pues, a la construcción del Templo.

V grado, o grado de los Superintendentes de los Trabajos, cuyo nombre hebreo era Menatzchim (7), los que debían ocuparse de instruir y vigilar a los Aprendices y Compañeros de grado inferior.

VI grado, o grado de aquellos que habían superado el examen de Maestro (Passed-Masters), y cuyo nombre hebreo era Harodim (8). Estos no podían superar el número de quince.

VII grado, constituido por tres Maestros Masones en funciones, que respectivamente representaban al Rey Salomón, a Hiram, Rey de Tiro, y a Hiram-Abif, el Arquitecto.

En una Logia operativa, según lo que refiere Clement Stretton, los trabajos se desarrollaban al mismo tiempo en los siete grados, motivo por el cual era necesario disponer de siete cámaras, una para cada grado; con arreglo a un esquema que el mismo delineara, esas cámaras o «Logias» se hallaban distribuidas en dos construcciones oblongas y paralelas, orientadas según el eje Este-Oeste, cada una de las cuales comprendía tres piezas: en la primera construcción, a la que se accedía por Oriente, se hallaban dispuestas sucesivamente las cámaras de primero, segundo y tercer grado, separadas unas de otras por una doble puerta; en la segunda construcción, ubicada al norte de la primera, se encontraban las cámaras de quinto, sexto y séptimo grado, con una doble puerta entre las dos primeras y una plegadiza entre las dos últimas, de modo que en éstas los trabajos podían llevarse a cabo a puertas abiertas.

Esta segunda construcción, además de la puerta principal de Oriente, disponía de otro acceso a Occidente, para uso exclusivo de los tres Grandes Maestros. Por último, en el Noroeste de dichas construcciones, se situaba la Logia de IV grado o Sitio del Templo, que revestía una importancia muy especial en el conjunto de los siete grados: además de ser el lugar donde se procedía a la construcción del Templo, lugar sagrado al cual sólo se podía acceder descalzos y con la cabeza cubierta, era también el escenario de representaciones, en forma de dramas rituales, que anualmente conmemoraban episodios importantes acontecidos durante la construcción del Templo de Salomón, como la colocación de las piedras fundamentales por parte del Rey Salomón, la muerte del arquitecto Hiram-Abif, etc.

Por otra parte, en el centro del Sitio del Templo, debajo del piso había una cámara subterránea, donde podían acceder únicamente quienes habían obtenido el grado de Maestro (VI y VII), y en la que se custodiaban adentro de una columna cuadrangular los planos del Templo y el «Centro». Por el centro de la bóveda de esta cámara subterránea y proveniente del techo del Templo descendía una plomada azul, que colgaba al centro de una esvástica (9); en esta cámara, finalmente, a la cual se ajusta muy bien la denominación de «Cámara del Medio», tenía lugar la iniciación al séptimo grado.

Ahora bien, mientras que en la Masonería especulativa los trabajos comienzan siempre en cámara de Aprendiz, para en todo caso pasar luego a los demás grados, en la Masonería operativa la apertura de la Logia era llevada a cabo primero de forma privada por los tres Grandes Maestros en la cámara de séptimo grado, y sucesivamente, por su mandato, se alargaba a los grados inferiores; en cierto sentido, puede decirse que la influencia espiritual descendiese primero de manera «vertical» en la cámara del séptimo grado, para luego ser transmitida y «participada» de manera «horizontal» a los grados inferiores. Al respecto se puede citar un artículo de René Guénon, en donde éste afirmaba: «En efecto, una Logia operativa no puede ser abierta más que con el concurso de tres Maestros, provistos de tres varas cuyas respectivas longitudes están en relación con los números 3, 4 y 5; y solo cuando estas tres varas han sido arrimadas y dispuestas de manera tal de componer el triángulo rectángulo pitagórico puede tener lugar la apertura de los trabajos. Siendo así, es fácil comprender que una palabra sagrada puede análogamente hallarse formada por tres partes, y tales son las tres sílabas, cada una de las cuales puede ser pronunciada tan solo por uno de los tres Maestros, de modo que, faltando uno de ellos, tanto la palabra como el triángulo quedarían incompletos, y ya nada valedero podría llevarse a cabo» (10).

En la Masonería operativa, según refiere Clement Stretton, el descenso de la influencia espiritual requería efectivamente de la invocación ritual de tres Nombres divinos, cada uno de ellos monosilábico, y el soporte geométrico de la misma en lugar de ser el Cuadro de Logia era el triángulo rectángulo constituido por tres varas que medían respectivamente tres, cuatro y cinco codos; al finalizar este rito, siempre en cámara de séptimo grado, se procedía a realizar un «saludo» vuelto a un Nombre divino hebreo trisilábico, cuyo valor numérico es 345, de donde surge claramente la conexión con las tres varas.

Pero hacia fines del siglo XVII los masones operativos se veían obligados cada vez con mayor frecuencia, por las variadas circunstancias de tiempo y lugar, a reunirse en hosterías, que disponían en lo alto de un salón suficientemente amplio. En tales condiciones, para poder mantener la constitución en siete cámaras de una Logia operativa, los locales que se hallaban en disposición eran subdivididos en siete compartimientos por cortinas de tela (11); por otra parte, en dichos locales no siempre se podía disponer de todos los enseres «masónicos» y modelos simbólicos necesarios, por lo que los elementos faltantes se trazaban con yeso o carbón en el suelo: en dicho trazado de los símbolos, con toda probabilidad prerrogativa exclusiva de los Maestros, que eran los únicos a quienes competía la realización del proyecto y por consiguiente el diseño (12), se puede reconocer quizá una de las fuentes de donde se originó el Cuadro de Logia.

Lo que no constituía sino una excepción para los operativos, se convirtió en cambio en la norma consuetudinaria para los especulativos, quienes al ser preferentemente masones «aceptados» y además «cismáticos» de cualquier modo no podían reunirse en Logias constituidas en la obra, ni mucho menos disponer con facilidad de las herramientas del oficio; y fue precisamente entre los especulativos, y en especial entre los «Modernos» donde tomó pié la costumbre de trazar una Logia simbólica en el piso del lugar donde se reunían (13).

Fue solo más adelante que se instauró la práctica de usar una Plancha de madera (board) colocada ya sea directamente sobre el piso o bien sobre un caballete o trípode, de allí la denominación de «trestle-board», donde cada vez se procedía a trazar, al inicio de los trabajos, el Cuadro de Logia; y posteriormente, hacia finales del siglo XVIII, se remplazó la Plancha de trazar (tracing-board) con Cuadros de Logia establemente pintados ya sea sobre tela u otros materiales, con una «gran variedad en los dibujos empleados por las diferentes Logias, aunque los símbolos principales naturalmente estuvieran siempre presentes» (14).

Finalmente, en 1846, en Inglaterra, se llegó a unificar el diseño de los Cuadros de Logia a través de un «concurso», en el que se escogieron los que había presentado John Harris, que desde entonces se mantienen en uso en la mayor parte de las Logias anglosajonas.

Pero el mero hecho de poder determinar, cuando fuera posible, un origen histórico y por consiguiente humano en lo que toca al uso de un símbolo en particular, con todo no lleva a superar un punto de vista harto exterior: si entonces el Cuadro de Logia constituye en la Masonería especulativa un símbolo de notable importancia «técnica», y si es verdad que de lo menos no puede surgir lo más, hay que deducir que el verdadero origen, por decirlo así, del Cuadro de Logia sería mejor buscarlo en una adaptación, llevada a cabo de manera más o menos directa por la antigua Masonería operativa, de símbolos preexistentes, a fin de llenar las lagunas que se habían producido en la Masonería especulativa a causa de la ignorancia de los fundadores de la Gran Logia de Inglaterra.

Teniendo presente, además, las significativas discrepancias que se advierten no sólo en el ritual, sino también en los Cuadros de Logia de la Masonería continental en comparación a la anglosajona, como la respectiva posición del Sol y de la Luna y la presencia en el Cuadro de Logia de Aprendiz de la Masonería inglesa de los tres «pilares» en cambio de las dos «columnas», hay que dar por sentado que esa adaptación ha sido operada según modalidades diferentes en Francia y en Inglaterra (15).

Por lo que toca al depósito simbólico custodiado por el Cuadro de Logia se puede juzgar que todo el Cuadro, o en particular algunos de los símbolos allí representados, como la Escuadra y el Compás (16), constituyan un sustituto del triángulo rectángulo de proporciones 3-4-5 idóneo para sacralizar el lugar de descenso de la influencia espiritual.

Asimismo se puede llegar a ver en la posición central que ocupa el Cuadro de Logia una correspondencia con la posición y la función central del «Sitio del Templo», que justamente se consideraba como un lugar sagrado; a más de esto puede reconocerse, en su carácter de diseño o símbolo gráfico, una correspondencia con los planos de construcción del Templo de Salomón, que en una Logia operativa se conservaban en la columna subterránea del «Sitio del Templo» y que al abrirse los trabajos recogía un Maestro (Passed ­Master) para luego disponerlos verosímilmente en el centro de la cámara de VI grado.

Esta última consideración, que se refiere quizá al «prototipo» más directo del Cuadro de Logia especulativo, nos lleva pues a examinar el problema del trazado del Cuadro.

Para captar la importancia que reviste este trazado puede ser de utilidad el siguiente paralelo: la lectura de un texto sagrado en principio surte ciertamente el mismo efecto ya sea que éste sea impreso o manuscrito, pero lo que se pierde en el caso del texto impreso es el efecto inherente a la transcripción del texto sagrado.

Análogamente, el uso de Cuadros de Logia impresos no obsta a la eficacia ritual de los mismos, pero lo que de esa manera se pierde es el significado simbólico y ritual propio de la acción y efecto de trazarlos. Esta última, que es una tarea de exclusiva incumbencia de los Maestros, constituye para el masón especulativo la única posibilidad que le ha quedado de «vivir» una de las principales funciones de los antiguos Maestros operativos, o sea, la de trazar los planos de la construcción; asimismo, siendo el Cuadro de Logia un símbolo del Cosmos, su trazado corresponde simbólicamente al propio proceso cosmogónico, lo que pone aun más de relieve su importancia.

Notas.-

1. En los siete grabados de Gabanon, datados de 1745 y reproducidos en el libro de G. H. Luquet La Franc-Maçonnerie et l’État en France au XVIII siècle (ed. Vitiano, París, 1963), donde se representan distintos momentos de una reunión masónica de la época, esto resulta muy evidente.

2. La Grande Triade, cap. XXIII, nota 11.

3. Clement Stretton fue iniciado en una Logia operativa de Derbyshire, en el condado de Leicester, en 1866, cuando era estudiante de ingeniería, y obtuvo el VII grado en 1909; su correspondencia con John Yarker durante los años 1908 y 1909, y las cartas dirigidas a la redacción de la revista The Speculative Mason desde 1910 hasta 1915, fecha de su muerte, constituyen una rica fuente de información sobre los aspectos operativos y rituales de la Masonería operativa. Amplios extractos de esta correspondencia han sido publicados en la revista The Speculative Mason entre 1950 y 1955, y es de allí que hemos sacado la mayor parte de las informaciones referidas en este artículo.

4. Cf. René Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, tomo II, págs. 40 y 45, en nota, y Simboli della Scienza sacra, cap. XVII, nota 10.

5. Cf. René Guénon, Simboli della Scienza sacra, cap. XLVIII, nota 4.

6. Cf. René Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, tomo I, pág. 261.

7. Cf. René Guénon, Ibidem, tomo II, pág. 18.

8. Cf. René Guénon, Ibidem, tomo II, pág. 18.

9. Cf. René Guénon, La Grande Triade, cap. XXV.

10. Cf. René Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, t. II, págs. 45-46.

11. Cf. los artículos aparecidos en el número de julio de 1948 de la revista The Speculative Mason, dedicados al Cuadro de Logia y reseñados por René Guénon en el número de enero-febrero de 1949 de la revista Études Tradítionnelles.

12. A este respecto puede observarse que la expresión «planche à tracer» es la traducción exacta de la inglesa «tracing board», la cual se aleja muy poco, por otra parte, de la expresión «drawing board», que designa un atributo característico del Maestro.

13. Según un antiguo ritual «especulativo», el candidato (sic) llevaba a cabo sobre este trazado una circulación simbólica, durante la cual se lo instruía del significado de los símbolos que encontraba (J. and B., 1762).

14. Cf. René Guénon, Études sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage, tomo II, pág. 161.

15. Cf. René Guénon, Ibidem, tomo I, pág. 284, y tomo II, pág. 162.

16. Conforme a lo que refiere Clement Stretton, en la antigua Masonería operativa la escuadra y el compás pertenecían a dos «Cuerpos» muy distintos del oficio, así es que dado el caso que un masón de la «escuadra» fuera descubierto manejando un compás la condena prevista era la pena de muerte. Por otra parte, la introducción en la Masonería especulativa de los dos instrumentos conjuntamente no puede sino corresponder a una adaptación realizada por los operativos para llenar unas lagunas «técnicas» muy graves, si era necesario ponerle remedio con tales sustituciones.

Abecedario del Hermano Mozart

La celebración de los 250 años del nacimiento de Mozart el 27 de enero es el evento musical más relevante del año. El experto en música, Emilio Sanmiguel recorre su vida a través de un abecedario mozartiano.

Amadeus: En latín, es el más popular de los nombres de Mozart. Pero no figura así en su partida de bautismo del día siguiente a su nacimiento, sino en la forma griega de Theopilus. Su nombre completo era Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus.

Barrington, Daines: el filósofo inglés que practicó a Mozart en 1764 pruebas y exámenes científicos -cuyos resultados luego exhibió en la Royal Society de Londres- con el fin de explicar el misterio de su genio musical tan asombrosamente precoz.

Concierto: es la forma musical donde los aportes mozartianos resultan más decisivos para la historia. Mozart escribió 27 para piano y orquesta y siete para violín. Además: dos para flauta, uno para flauta y arpa, uno para oboe, uno para clarinete, varios para trompa y uno para clarinete.

Da Ponte, Lorenzo: el libretista de sus tres grandes óperas en italiano de estilo clásico, que se mantienen como piezas obligadas del repertorio: Don Giovanni, Las Bodas de Fígaro y Così fan tutte. Haber contado con los magníficos libretos de Da Ponte fue decisivo en la creación de estas obras maestras.

Entführung aus dem Serail: El rapto en el serrallo -ópera estrenada en Viena en 1782- significa para muchos el nacimiento del 'Gran Mozart'. Se representó durante 20 noches consecutivas y con total éxito de taquilla. La orquestación con timbales, triángulos y platillos fue absolutamente novedosa para la época.

Francmasonería: La admisión de Mozart en la Logia masónica Zur Wohltätigkeit 'Beneficencia', fue aprobada el 14 de diciembre de 1784. Mozart fue un masón convencido, y de ello dejó testimonio en su música para ceremonias de la logia y en ciertos aspectos de La flauta mágica.

Gregorio Allegri (1582-1652), autor del Miserere a nueve voces en dos coros, cuya partitura el Vaticano prohibió copiar, so pena de excomunión. En 1770 Mozart lo oyó en la Capilla Sixtina de Roma y lo escribió esa misma noche. Al día siguiente volvió a escucharlo y corrigió los pocos errores cometidos.

Hieronymus Colloredo: elegido Príncipe-Arzobispo de Salzburgo en 1772. Ese mismo año le nombró Konzertmeister, maestro de conciertos de la Orquesta de la Corte. Las relaciones entre Mozart y Colloredo se tornaron insostenibles por la mutua antipatía, que llevó al rompimiento definitivo en 1777. Entonces se trasladó definitivamente a Viena.

Idomeneo, re di Creta: El exitoso estreno de esta ópera, un encargo de la Corte de Munich, estrenada en el Teatro de la Residencia el 29 de enero de 1791, despejó en Mozart las dudas que tenía sobre abandonar Salzburgo para instalarse en Viena, una gran capital musical. Algo insólito para la época: es una ópera para tenor.

Jorge III de Inglaterra y su esposa Sophie Charlotte fueron verdaderos melómanos y conocedores de la música. Para ellos tocó Mozart el 27 de abril de 1764 en Buckingham un concierto muy serio, diferente de las típicas presentaciones de exhibición que tanto apreciaba el público, como tocar con los ojos vendados o con el teclado cubierto por un paño.

KV: las iniciales del Köchel Verzeichnis, catálogo cronológico de la obra mozartiana, elaborado por Ludwig Ritter von Kötchel. Con estas iniciales, KV, se clasifica su música, en lugar de la palabra Opus.

Leopoldo: su padre. Nacido en Ausburgo en 1719, consumado violinista y notable compositor. Fue quien realmente se dio cuenta del extraordinario talento del niño, a punto de abandonar la composición y la enseñanza para dedicar todo el tiempo posible a la educación musical de su hijo.

Munich: ciudad importantísima para Mozart. Allí, con seis años, ocurrió su primera presentación fuera de Salzburgo, ante el Príncipe Elector de Baviera. También allí, en enero de 1781, a raíz del estreno de Idomeneo, tomó la decisión de abandonar Salzburgo para instalarse en Viena. Tenía 25 años.

Nannrel, el apodo de su hermana Marianna Ignatia Walpurgis, un par de años mayor que él, con quien realizó triunfales y prolongadas giras por Europa en calidad de niño prodigio.

Orquesta clásica: Durante el siglo XVIII se dio el paso de la orquesta barroca a la clásica, que se caracteriza por la presencia de la familia del violín: el violín, la viola, el violonchelo y el contrabajo. Para ese tipo de agrupación Mozart escribió lo más sustancial de su música instrumental, incluidas 41 sinfonías.

Pequeña serenata, Eine Kleine Nach Musik, es una de las composiciones más familiares, incluso para quienes desconocen su obra. Pieza luminosa y alegre que no haría pensar al oyente que haya sido escrita en 1787, uno de los años más tristes de su vida.

Querella: lo planteado por la historia entre Mozart y Antonio Salieri, el compositor italiano de la Corte vienesa. A Salieri se le achaca haber asesinado a Mozart, lo que, se ha demostrado, es absolutamente falso.

Réquiem K.626: su última, e inconclusa, composición. Recibió el misterioso encargo en el verano de 1791. De 12 partes, apenas dos son completamente de su mano, las seis siguientes estaban prácticamente terminadas en el momento de su muerte. La partitura manuscrita se interrumpe en el octavo compás del Lacrimosa. Fue completado por Süssmayr.

Salzburgo: ciudad austríaca donde nació Mozart el 27 de enero de 1756. Fue el menor de siete hermanos, de los que apenas dos -él y su hermana 'Nannrel'-, superaron la infancia.

Turca, Marcha turca: movimiento final de la Sonata para piano K.331, escrita en 1778, recién llegado a Viena. Es la más célebre y popular de las sonatas que escribió para piano solo.

Universidad de Salzburgo: donde en septiembre de 1761 ocurrió su primer concierto público, con apenas cinco años. Ya desde esa época su padre le quitaba los años para sorprender "aun más" a los espectadores.

Versalles, la residencia de los reyes de Francia, donde Mozart niño tocó ante Luis XV en 1763 y luego se permitió pedirle la mano a su compatriota, María Antonieta, esposa del Delfín, futuro Luis XVI: el éxito de Mozart en la capital francesa despertó enorme entusiasmo entre los enciclopedistas.

Wien, Viena: la ciudad donde murió el 5 de diciembre de 1791 a los 37 años. Fue enterrado en el cementerio de las afueras de la ciudad y se desconoce el lugar de su tumba.

XIV, Clemente XIV: el papa que en 1770 otorgó a Mozart la Cruz de Caballero de la Espuela de Oro, hecho que ilustra bien la trascendencia en la Europa del XVIII de las giras del más grande niño prodigio de todos los tiempos.

Yerno: convertirse en yerno de Fridolin von Weber, al contraer matrimonio con su hija Konstanze, el 4 de agosto de 1782, le costó a Mozart una de las disputas más enconadas con su padre. La historia es severa con la viuda de Mozart, aunque fueron una pareja relativamente feliz. A Konstanze -tía del también compositor Carl María von Weber- se le reprocha haber caído en la cuenta del colosal talento de su marido después de su muerte.

Zauberflötte: La flauta mágica, su ópera más significativa, en la que los expertos encuentran toda suerte de lecturas y alusiones cabalísticas. Sobre un cuento infantil de tintes egipcios, significa el nacimiento de la ópera alemana, que culmina con Von Weber, Beethoven, Wagner y Strauss.

Fuente: Logia Atlántico

lunes, 26 de junio de 2006

LOS SOLSTICIOS Y NUESTRA AUGUSTA ORDEN

Por el H.: Pedro Santelices

De la Respetables Logia “Pitágoras” No. 479 - Publicado en la Revista Masónica de Chile, Año LII marzo-abril 1975 - Números 1 y 2, páginas 14 y 15. Oriente de Santiago de Chile

En dos épocas del año parece que el sol, nuestro astro rey, en su movimiento aparente, se detuviera por un corto período, cuando se encuentra más cerca o más lejos de los trópicos de Cáncer o Capricornio. Estos acontecimientos que se producen el 21 de diciembre y el 21 de junio; reciben el nombre de solsticio de verano y solsticio de invierno, toda vez que la palabra solsticio significa sol detenido. Durante el 21 de junio el sol está más cerca del trópico de Capricornio y por ende más junto al hemisferio norte, lejos de nuestro hemisferio sur, por ello, para los masones de estas latitudes, se llama solsticio de invierno. A la inversa, cuando el sol y sus rayos están más cercanos al trópico de Cáncer y del hemisferio sur se produce el solsticio de verano para nosotros. Por eso esta noche de 21 de diciembre celebramos el solsticio de verano.

El solsticio de verano se le conoce también como San Juan Evangelista o San Juan de Verano; y el solsticio de invierno como San Juan Bautista o San Juan de Invierno. En este acontecimiento vivimos la noche más corta y el día más largo del año, y mientras que en el hemisferio norte sucede lo contrario.

En su afanosa búsqueda, el hombre primitivo sentía temor por el hermoso astro que asoma sus brazos por oriente y los esconde por occidente y que lo guiaba con su luz vivificante en su larga jornada. Su angustia aumentaba ante lo inexplicable, ante la oscuridad, ante las sombras nocturnas provocadas por el retorno del sol a su ciclo interminable. Es el instante supremo en que el hombre se plantea problemas, y sus meditaciones se unen en misterios profundos.

Aquel astro que acompañaban sus ganados en el día, que le ofrecía benevolente, su luz orientadora, significando para él la expresión más objetiva del bien, se transformaba, en pocas horas después, por su ausencia, en recelo y temor. Entonces amó la luz y temió la oscuridad. La quietud se posesionaba de su espíritu, cuando nacía, y la incertidumbre adormecía sus esperanzas en su desaparecimiento. Su vida se resume en un solo anhelo: el sol.

Su incapacidad para darse explicaciones científicas lo llevó a la formación de mitos y leyendas, al cultivo de ritos primitivos y al culto del sol, cuya vida estaba marginada por fantásticas narraciones. Egipto marca el primer capítulo y lo siguen persas, asirios, mayas, incas, etc. Establecen un paralelismo psico-físico: verdad = luz; error = oscuridad. Se produce una comparación de principios, dando origen a diferentes dualismos: Osiris y Tifón; Ordmudz y Arimán; Brama y Siva.

De todo este conflicto psico-físico, el hombre primitivo distinguió la marcada diferencia entre dos estaciones: Una llena de frío y la otra de calor; fenómenos que hincaron en su espíritu desorientado la observación de la salida y la apuesta del sol, deduciendo que los movimientos cambiaban con frecuencia en un tiempo determinado. De un estudio sobre el sol se extracta lo siguiente: observando en primavera y en la zona templada, el sol se oculta en un punto determinado; luego el ocaso avanza gradualmente hacia el sur; primero de prisa, luego cada vez más lentamente hasta quedar estacionado en un sitio meridional máximo. Retrocede enseguida hacia el norte siguiendo una marcha inversa, es decir muy despacio al principio y con velocidad cada vez mayor al llegar al extremo, para disminuir de nuevo hasta una segunda parada que tiene lugar en invierno. Desde entonces vuelve otra vez al sur y así continua indefinidamente oscilando constantemente con regularidad perfecta.

Considerando los solsticios bajo un aspecto astronómico, debemos expresar que debido a que el eje de la tierra no es perpendicular al plano de la eclíptica, o sea que esto no coincide con el ecuador, sino que forma con él un ángulo de 23º, 27`, se produce numerosas alteraciones: la diferente duración de los días y las noches, las estaciones del año y la división de la superficie del globo terráqueo en cinco zonas climáticas.

Sólo dos veces en el año el plano del ecuador coincide con el plano de la eclíptica y por consiguiente, el círculo de iluminación coincide con cada meridiano. En esta posición los diferentes puntos de la tierra tienen un día de doce horas y una noche de doce horas. Estas fechas se conocen con el nombre de equinoccio.

Tres meses después, los rayos solares forman un ángulo de 23º y 27`con el plano del ecuador y los días y las noches alcanzan su máxima desigualdad. En este caso el círculo de iluminación no pasa por los polos, sino que es tangente a los paralelos de 66º, 33`norte y de 66º, 33`sur. Hay paralelos que no son tan cortados por el circulo de iluminación, y la tierra al girar sobre sí misma tendrá una parte que siempre quedará expuesta al sol y otra que no estará frente a ella; son los solsticios.

El solsticio de verano es San Juan el Evangelista que predica el evangelio del amor fraternal. El solsticio de invierno es San Juan Bautista, que es la esperanza de una vida mejor.

En nuestras prácticas y doctrinas asociamos estos fenómenos naturales y son interpretados bajo tres aspectos: cósmico, místico y simbólico.

Cósmico, porque representa a un fenómeno astronómico; místico, porque traza la realidad de un ideal y simbólico con relación al hombre, porque busca la perfección de su espíritu.

Remontándonos a las Sagradas Escrituras, ubicamos a San Juan como un personaje legendario. Juan el Bautista, es la antorcha de la esperanza y sintetiza en nuestra Orden el nacimiento a una nueva vida. Es propagandista de grandes ideales, es fraterno y virtuoso.

Juan el Evangelista, es la expresión sublime de la madurez psíquica y el espíritu alcanza a su plenitud.

En el ciclo eterno en que se manifiesta un espacio de tiempo, que va de un solsticio a otro, esta representada en forma simbólica la vida del hombre.

El hombre al nacer es individualidad, es materia que se plasma en un campo de perspectivas inciertas. ¿Cómo nace? ¿Dónde irá? ¿Su existencia qué trayectoria humana procurará?

Nace a la vida y comienza para su ser la incesante búsqueda de la verdad, que es luz. Orienta este anhelo Juan El Bautista. Sufre transformaciones bajo presión de la cultura y de los valores y es en Juan El Evangelista donde el hombre cambia de “ser” en “deber ser”.

Es el ciclo evolutivo de los solsticios, que representa los dos más grandes misterios de la metafísica: la vida y la muerte; el ser que nace y muere; es la materia y el espíritu.

Nuestra Augusta Orden, cuyos orígenes se remontan a la noche de los tiempos hace suyo este fenómeno e interpreta en sus talleres al universo con el resplandor grandioso de sus misterios.

La Logia es el mundo visible. El sol está en el templo, donde el Venerable Maestro levanta su mallete orientando las actividades del taller. También está la luna y las estrellas y su base adornada por la fuerza y la belleza, que la representa el primer y el segundo vigilante. Sus paredes son rojas como la fuerza del deseo y en su lenguaje simbólico reside la gama hermosa de sus enseñanzas, que son las que entrañan los solsticios. Todo él marginado por el azul infinito del cielo. Está proyectada de occidente a oriente y de norte a sur. Nuestros pasos guiados por la tolerancia y la fraternidad van en procura de la luz de oriente.

Así como el ciclo evolutivo de los solsticios, representan la vida y la muerte, así también la francmasonería al recibir al ser tosco e impuro para transformarlo en personalidad con realizaciones que logren una constante perfección, identifica simbólicamente los solsticios que encierran grandes enseñanzas morales, son sus finalidades y principios.

Cuando nosotros vivimos una de las noches más breves del año, los hermanos del hemisferio norte viven la más larga. Cuando nosotros celebramos el solsticio de verano, ellos celebran el de invierno; cuando nosotros vivimos una Navidad temperada y asoleada, ellos no la conciben sino con nieve y fría. Ninguna de estas diferencias es motivo de conflictos entre hermanos y pueblos. Pues hay tolerancia y además nos indica la universalidad de nuestra Augusta Orden.

Este acontecimiento que nos reúne, llámese fiesta de San Juan o solsticio; simboliza el feliz día en que cada uno de nuestro Hermanos que pertenece a cualquiera de las comunidades religiosas que se disputan el mundo de los creyentes, pueden adorar y reconocer a sus particulares divinidades; también, como aquellos que no comulgan en ninguna religión, pueden ver una manifestación de la sustancia universal y las leyes que rigen nuestro sistemas planetario. Todos se reúnen entre la escuadra y el compás para recordar estas festividades.

Queridos Hermanos, que esta sublime noche solsticiana lleve a nuestros espíritus la claridad suficiente para examinar el camino recorrido en nuestra Augusta Orden y en la vida profana. Que nos haga ser más virtuosos, tolerantes y fraternos. Enlacemos nuestras manos deseando un futuro mejor para la humanidad y en la que nuestros postulados sean realidad. Aprovechemos el calor del astro rey para recomenzar con más brío nuestra incesante búsqueda de la verdad.

Todo Caballero debe saber y practicar las VII Virtudes:
Fe, Esperanza, Caridad, Justicia, Prudencia, Fortaleza y Templanza.

+La primera porque sin Fe el Caballero no puede saber ni entender las cosas invisibles.
+La segunda porque en la Esperanza está el Poder de Dios, no en la fuerza, ni en las armas del Caballero.
+La tercera porque sin la Caridad, que es el Amor, el Caballero será cruel y no tendrá piedad ni misericordia. Y ningún Caballero sin ella podrá soportar la carga que debe llevar un corazón noble.
+La cuarta porque sin Justicia un Caballero es injurioso y ofendedor, por lo que destruye a sí mismo.
+La quinta Porque sin Prudencia el Caballero caerá en los daños corporales y espirituales y no tendrá razón, ni entendimiento, ni voluntad para mantener el honor de la caballería.
+La sexta porque sin la Fortaleza el Caballero caerá en la Soberbia, la Ira, la Codicia, la Gula, la Envidia y la Lujuria, porque todas ellas le engendrarán flaquezas en el corazón y no le harán digno de ser amado. La fuerza corporal no es nada sin Humildad, ni Caridad y la Ira entumece el entendimiento, perturba el espíritu y echa de sí a la iluminación.
+La séptima porque sin Templanza no tendrá medida en comer, beber, hablar, vestir y porque sin esta Virtud no se honra a la Caballería

La práctica de todas ellas conducirán al Conocimiento y a la Sabiduría porque proceden de Dios.

domingo, 25 de junio de 2006

LEONARDO DA VINCI: EL INICIADO QUE QUISO VOLAR

.. Tras un repaso de sus geniales inventos, y sorprendentes conocimientos, el autor se pregunta si es posible que Leonardo da Vinci tuviera contacto con seres extraterrestres.

PETER FIEBAG

Alemania

Desde que el hombre de nuestro tiempo contempla los mitos y las leyendas de los pueblos y de las civilizaciones de la antigüedad bajo una nueva perspectiva, la perspectiva que ofrece la época de los vuelos espaciales, es capaz de desentrañar también los secretos que aquellos encierran.

Como ya sabemos, los dioses eran visitantes procedentes del espacio exterior, cuyos contactos con nuestros antepasados quedaron reflejados precisamente en dichos antiguos testimonios. De esta forma, en la actualidad estamos en condiciones de seguir la huella de los dioses procedentes de las estrellas a lo largo de varios milenios. Sin embargo, desde hace ya algunos siglos falta prácticamente cualquier referencia a estos dioses de las estrellas. En la historia de estos últimos dos milenios, sus huellas resultan difíciles de establecer. Mas, de repente y sin solución de continuidad, la huella reaparece de entre las tinieblas de la historia; los indicios se centran y condensan en torno a una única persona: Leonardo da Vinci.

Este italiano, nacido en 1452, debe su fama ante todo a sus grandiosas pinturas, como la Mona Lisa y la Santa Cena. Sin embargo, lo que hace que resulte tan interesante para nosotros, es algo completamente distinto, pues Leonardo da Vinci fue, ante todo, arquitecto e ingeniero. Y en este campo se había adelantado tanto a su época, que incluso llega a parecer imposible.

Hace muy poco se redescubrió casi por casualidad una genial obra maestra suya: ¡una bicicleta! Una bicicleta, en la que, por primera vez en la historia, se presupone que el hombre es capaz de trasladarse montado sobre dos ruedas; una bicicleta con pedales, con piñón y cadena. Con ello, y ya en el siglo XV, Leonardo da Vinci había saltado por encima de los estadios intermedios de la dreysina y del velocípedo de rueda alta.

El genio más universal

Se saltó igualmente siglos enteros al inventar eslabones de cadena semejantes a los de las motocicletas y un vehículo impulsado por dos grupos de resortes. Mientras uno de los resortes trabajaba, el otro se enrollaba, de tal modo que rendían de forma continuada y alternante. ¡El primer automóvil de la historia!

En otro de sus experimentos, Leonardo da Vinci se adelantó en 300 años a su época. Dibujó un émbolo que, movido por vapor, se movía en un cilindro. Se trataba de la primera máquina a vapor, mucho antes de que la inventara James Watt.

“Leonardo da Vinci fue el genio más universal del Renacimiento y, quizás, de todos los tiempos…Investigaba profundidades inexploradas hasta entonces, pintaba la sonrisa que confunde, que rodea los enigmas de la existencia humana…, que parece rozar los secretos situados más allá de lo terrenal. Así, a los ojos de sus coetáneos fue una especie de mago, y a los hombres de generaciones posteriores les pareció una especie de Fausto italiano”, como llegó a decir uno de sus biógrafos. ¿Es posible que este hombre estuviera bajo la influencia de poderes que no procedían de su época y de nuestro mundo, poderes que reaparecen una y otra vez en la historia de la humanidad? ¿O acaso pertenecía él mismo a estos poderes?

Lo cierto es que ya en el siglo XV, época de transición entre la Edad Media y el Renacimiento, siglo de la caza de brujas, siglo que concluyó con el descubrimiento del Nuevo Mundo, este genio universal lanzó unas ideas que fueron y todavía siguen siendo de capital importancia para la humanidad.

Sus inventos forman legión: comenzando por su máquina de picado de limas, que oficialmente no fue inventada hasta 200 años más tarde, pasando por máquinas con manivelas y ruedas dentadas, por la primera producción masiva, la mecanización del telar, las máquinas con ejes y discos de levas y trinquetes de parada automáticos, hasta la primera rueda volante de la historia de la técnica, su bomba centrífuga y su tren de laminado, las primeras correas de transmisión y gigantescas grúas y modernos tornos de hilar y prensas automáticas de imprenta, poleas, tornos, dragas y sierras revolucionarias. De entre sus esbozos también podemos encontrar un “carro de combate inexpugnable, que armado de sus cañones puede atravesar las líneas enemigas”. Esta descripción nos hace pensar automáticamente en un tanque. De hecho, en 1485 Leonardo da Vinci desarrolló un vehículo cerrado, propulsado por medio de manivelas, y provisto de tres hileras de retrocarga, de modo que era posible disparar casi ininterrumpidamente desde el vehículo. Entre sus inventos de carácter militar se encuentran también fusiles de cartuchos, granadas de mano y obuses disparados por vapor. Incluso describe bombas de gas, y un medio para evitar sus efectos: ¡una máscara antigas!

Lo que este hombre hizo no parece natural. ¿De dónde obtuvo sus inmensos conocimientos?

En el llamado “Codex Atlanticus” encontramos la siguiente nota sorprendente: “Sobre cómo muchas personas pueden mantenerse bastante tiempo bajo agua. Sobre cómo y por qué no describo aquí mi propio método de mantenerme mucho tiempo bajo agua y no comer. Y no lo publico ni lo doy a conocer, debido a la maldad de la naturaleza del hombre, que en caso de conocerlo, comenzaría a matar en el fondo marino…”

Se trataba, por lo tanto, de un submarino en pleno siglo XV, una nave de la que incluso Julio Verne sólo podía soñar. A pesar de todo, Leonardo da Vinci legó a la posteridad un instrumento para respirar bajo el agua, unos zapatos para caminar sobre el agua, zapatos de buceador, así como un aro flotador.

Otra de sus hojas de esbozos muestra una escena en la que, en torno a una tabla hincada en el agua, el líquido se mueve en remolinos. Aunque durante mucho tiempo fue considerado un dibujo decorativo, hoy en día sabemos de qué se trata realmente. Porque, si con una cámara fotográfica moderna seguimos el movimiento del agua, obtenemos el mismo dibujo, el mismo movimiento de la corriente de agua. Ahora bien, ¿cómo es posible que Leonardo da Vinci fuera capaz de dibujar con tal exactitud el movimiento del agua, movimiento que no volvió a plasmarse hasta la introducción de la fotografía?

Y, uno tras otro, siguieron inventos fantásticos. Dado que la ciudad de Milán fue repetidamente víctima de epidemias de peste, planeó derribar la ciudad y volver a construirla de nueva planta, concretamente a dos niveles de circulación. Sus planos eran modernísimos, adelantándose en varios siglos a los urbanistas: el nivel superior quedaba reservado a los peatones, el inferior a los vehículos y los caballos. Y la ciudad quedó perfeccionada por medio de canales subterráneos. También en el campo de la biología y de la anatomía logró grandes avances. Generaciones enteras de científicos han ido orientándose durante siglos en sus trabajos en estos campos (fue el primero en reconocer, por ejemplo, la función de los elementos del ventrículo derecho).

Sin estudios superiores

A la vista de todos estos logros, hay que tener en cuenta también la educación recibida por Leonardo da Vinci. Había crecido en el campo, donde sólo se le instruyó en la lectura, la escritura y las cuatro reglas. Nada que le preparara para sus trabajos científicos. Leonardo jamás estudió en una escuela superior ni, mucho menos, una universidad.

Pero, a pesar de ello, fue superior a todos sus contemporáneos, e igualmente a los científicos de los siglos posteriores. Luchó en amplio frente contra la incomprensión de su tiempo y dejó constancia de unos conocimientos que, si hubiera sido comprendido a tiempo, habría acercado el Renacimiento a pasos gigantescos a nuestro siglo actual. Conservamos una serie de estudios suyos del año 1508, referidos preferentemente a temas de geología, cartografía, botánica y atmósfera. Se interesaba ante todo por la cuestión de la existencia de moluscos en las montañas, a muchas millas tierra adentro. En su opinión, aquellas zonas habían sido antiguamente mares, que habían dejado atrás diversas capas geológicas. Una opinión en manifiesta oposición a la doctrina de la Iglesia, que adscribía dicho fenómeno al Diluvio Universal.

¿Quién fue ese Leonardo da Vinci? ¿De dónde sacó sus conocimientos? Anticipando ya a Newton, había escrito: “Todo punto de masa inalterado se mueve de forma uniforme y en línea recta. Nada puede moverse por sí mismo, pues el movimiento es producido por otra cosa. Esta otra cosa es la fuerza”. La ley de la inercia mucho antes de Newton. Otras leyes físicas todavía hoy vigentes fueron descritas por él. Un físico moderno formularía su ley de la óptica más o menos de esta forma: “El ángulo de incidencia siempre es igual al ángulo de reflexión” (en el reflejo).

Leonardo inventó también el fotómetro para el cálculo de la luminosidad (redescubierto 300 años después por B. Rumford), descubrió la refracción de la luz, y experimentó en la “cámara oscura”.

¿Fue un contactado? ¿Es posible que Leonardo da Vinci tuviera contacto con los extraterrestres, con poderes que influyeron en él, que dirigieron sus estudios y que, como antaño sucediera con los profetas bíblicos, a través de él confirieron nuevos conocimientos a la humanidad?

A lo largo de su vida, y esto lo debemos tener muy en cuenta, Leonardo quiso ser capaz de volar. Sus estudios sobre los movimientos de vuelo de las aves han tenido ya entrada en la historia, pues llegó a dibujar este movimiento como ya no pudo hacerse hasta la invención de la cámara lenta. Leonardo da Vinci experimentó con globos de delgado papel encerado, a los que llenó de aire e hizo volar en homenaje al Papa León X.

Inventó sistemas de propulsión provistos de alas, que tenía la intención de poner en funcionamiento con brazos y pies, con pedales y manivelas. Redactó las leyes del despegue contra el viento, conocía las causas de la entrada en barrena y las volteretas, y llegó a construir maquetas que explicitaran el vuelo planeado. Sus estudios se parecían enormemente a un actual planeador sin motor.

Otro invento suyo es motivo de asombro para los técnicos de nuestros días: una hélice que funciona según el principio del helicóptero y que, puesta a prueba, incluso fue capaz de superar la fuerza de gravedad. También ha demostrado funcionar realmente su paracaídas en forma de pirámide.

En Leonardo da Vinci has algo que sale de lo lógico. Entre sus diarios encontramos una sorprendente anotación, la única que hace referencia a su niñez: entre sus primeros recuerdos, cuando “todavía estaba en la cuna”, se le apareció un punto negro que se fue haciendo cada vez más grande y se acercaba a él. Se trataba de una gigantesca ave que, con las alas extendidas, planeaba sobre él y le ocultaba el Sol. Esta ave le abrió la boca con la cola, con la cual le golpeó repetidamente entre los labios. Esta vivencia desencadenó en Leonardo da Vinci una verdadera obsesión de llegar a poder volar, y tenía la inquebrantable convicción de que lo lograría. Ahora bien, ¿qué era aquel ave? En antiguas leyendas y tradiciones, e incluso en la Biblia, aparecen motivos muy parecidos, historias en las que los extraterrestres transmiten su saber a los humanos. Parece ser que sueño de Leonardo se hizo realidad: “Se alzará al vuelo el enorme pájaro del dorso del gigantesco cisne, llenando de asombro el universo y de fama todos los escritos. ¡Eterno esplendor al lugar que le dio a luz!”. El entendido sabe a qué hacía referencia Leonardo con estas palabras. En las proximidades de la ciudad de Fiesole, en la Toscana, se alza una colina desnuda de unos 400 metros de altitud, denominada “El dorso del cisne”. ¿Fue allí desde donde el gran Leonardo llevó a cabo su vuelo?

Sorprendentemente, todavía hoy en día se relaciona el “Dorso del cisne” con una leyenda según la cual se alzó desde allí un enorme pájaro, hasta alturas cada vez mayores, desapareciendo por fin, como si el cielo azul de la Toscana lo hubiera tragado.

En “Geschichte der Technik” (Historia de la Técnica), leemos al respecto: “Sus diarios, donde por regla general anota incluso las observaciones mas triviales, guardan silencio, y nunca más encontramos en las anotaciones otra referencia al vuelo. ¿Cayó a tierra? ¿Acaso no llegó a efectuarse el vuelo? ¿O bien lo logró?”

Así parece. Uno de los más sorprendentes descubrimientos de los esbozos de Leonardo lo constituye un cohete. Un cohete que puede explicar muchas cosas.

“El Sol es un cuerpo ígneo que se mueve en torno a su propio eje, y dado que posee todas sus cualidades por sí mismo, es capaz de regenerar también su fuerza.” ¿De dónde sacó Leonardo tales conocimientos? Porque también dijo: “Un peso cae por el camino más directo en dirección al centro de la Tierra.” ¿Cómo sabía que nuestro planeta posee un centro? ¿De dónde sacó el conocimiento que dicho aserto lleva implícito, es decir, que la Tierra es redonda? ¿La había contemplado desde el espacio exterior?

Recordemos nuestros astronautas y las sondas espaciales lanzadas hacia la Luna y los planetas de nuestro sistema solar, y comparemos las informaciones que nos transmiten con las palabras de Leonardo: “Las estrellas alejadas aparecen pequeñas a la vista, pero sin embargo son más grandes que nuestra Tierra. Recuerda cómo aparecería un astro del tamaño de nuestro mundo situado muy lejos, y luego imagínate qué cantidad de astros se extienden en todas direcciones en el espacio oscuro.” Y también dijo: “La Tierra es un astro, tal como la Luna. Para quien la contempla desde lejos, luce como una estrella.”

Pero Leonardo todavía nos plantea otro enigma cuando escribe:”Léeme, lector, si mi lectura te agrada. Porque en contadas ocasiones retorno a este mundo.”

Un enigma que ahora ha quedado desvelado.

Leonardo da Vinci, este genio universal – ya se le considere como pintor o mago, biólogo o escultor, ingeniero o geólogo, alquimista o arquitecto, filósofo o físico, cartógrafo, inventor, anatónomo, astrónomo, elegido o astronauta - ¿quiso retornar al origen de su creación y su saber, de su voluntad y de su pensamiento?

No sabemos si logró alcanzar el objetivo de su vida. Resignado en parte, escribió estas palabras, que con mayor claridad que nunca remiten a su procedencia: “Quien está ligado a una estrella, no puede volver atrás.” ¿Regresar de la Tierra? ¿Hacia dónde…?

EL AUTOR estudió filología, economía y ciencias de la comunicación en la Universidad de Guttingen (Alemania). Ha publicado gran número de artículos y varios libros en el campo de los antiguos astronautas.

IMÁGENES FRANCMASONERÍA 05-SETIEMBRE-2026